
Cuento para leer en voz alta · 2 minutos
El bebé del bosque
Hace mucho, mucho tiempo, en un bosque de hayas de Euskal Herria, un hada encontró un bebé entre la nieve. Era redondito, tenía los mofletes colorados y no lloraba: sonreía. El hada lo envolvió en una manta, le puso un nombre, Olentzero, y le hizo dos regalos: mucha fuerza y un corazón muy bueno.
Después llamó a la puerta de una cabaña donde vivían dos ancianos que no tenían hijos. «¿Querríais cuidar de él?», les preguntó. Y los ancianos, muy contentos, lo criaron como a su propio hijo.
Olentzero creció grande y fuerte, y se hizo carbonero: pasaba los días en el monte haciendo carbón. Por las noches, junto al fuego, tallaba juguetes de madera. Y cuando llegaba el invierno, los metía en un saco y bajaba al pueblo para regalárselos a los niños.
Un día se incendió una casa del pueblo, y Olentzero entró sin pensárselo y sacó a todos los niños que había dentro. Entonces apareció el hada del bosque y, por su valentía y su buen corazón, le regaló algo que nadie más tenía: vivir para siempre, para que pudiera seguir haciendo felices a los niños.
Por eso, cada Nochebuena, Olentzero sigue bajando del monte con su saco lleno de regalos. Y así seguirá, mientras haya niños que le esperen.

















